¿Sabes realmente qué es el estrés?

Revisemos un poco de historia…

Para la Organización Mundial de la Salud (OMS) el estrés es: “el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara al organismo para la acción”.

Sin embargo, el concepto de “estrés” fue introducido en medicina por el médico austriaco Hans Selye, quien a mediados de la década de 1920 se interesó por las semejanzas que existían entre varias enfermedades y alteraciones muy diferentes entre sí. Observó que todo paciente (accidentado, con padecimiento de cáncer o con alguna enfermedad infecciosa como la hepatitis) compartía ciertos signos con el resto de los enfermos, como pérdida de peso, apatía, falta de apetito y una carencia general de resistencia. Selye denominó a estos síntomas “Síndrome General de la Enfermedad.”

Cuando exploró este síndrome a detalle, observó que muchos acontecimientos vitales (buenos y malos), e incluso pensamientos y emociones, podían causar el sentimiento de estar enfermo. Es decir, todos los cambios cotidianos, ya sean internos o externos, buenos o malos, tienen en común que producen un desequilibrio orgánico, y la tendencia inmediata del organismo es recuperar el equilibrio perdido.

Debido a eso, lo denominó como “Síndrome General de Adaptación” y lo definió como: “La respuesta no específica del organismo a toda demanda que se le haga”.

De acuerdo con Selye, este síndrome cuenta con tres etapas:

1. Estrés agudo: reacción de alarma que corresponde a la respuesta de lucha/huida ante el agente estresante.

2. Estrés crónico: es la fase de resistencia y se presenta cuando el organismo intenta adaptarse al agente estresante. Es en la que se genera realmente el problema de estrés.

3. Fase de agotamiento: es cuando aparecen los síntomas al agotarse las defensas del cuerpo.

¿Cómo se genera el estrés?

Cuando percibimos un peligro, ya sea real o imaginario, se activa el sistema nervioso autónomo, responsable de la regulación interna y de la adaptación al medio ambiente, lo cual desencadena una serie de reacciones fisiológicas en el organismo que provocan la activación del eje Hipotalámico-pituitario-adrenal, cuya función es prepararnos para luchar o huir, según la naturaleza o la interpretación del peligro.

Esto funciona de la siguiente manera: en el momento en que se percibe el peligro y sentimos miedo, se lanza un mensaje al hipotálamo, se activa el sistema nervioso simpático provocando que el corazón lata con más fuerza para transportar la sangre a todo el organismo, especialmente a los músculos, durante la emergencia. Las arterias principales se dilatan y la presión arterial aumenta para facilitar el flujo sanguíneo a brazos y piernas, los bronquios se dilatan y la respiración se acelera para responder a la demanda adicional de oxígeno del organismo para facilitar la eliminación de bióxido de carbono. La actividad estomacal se suspende totalmente para canalizar la sangre a las zonas que más la necesitan, lo que permite que se cuente con la sangre necesaria para que los músculos puedan pelear o huir, el hígado libera sus reservas de glucosa para mejorar la actividad cerebral y dar energía a los músculos. Se activan las glándulas sudoríparas para refrescar al organismo y eliminar parte de los desechos. ¡TODO ESTO PASA EN UNA FRACCIÓN DE SEGUNDO! TU CUERPO ES SORPRENDENTE Y MARAVILLOSO, ¿NO?

Dos tipos de estrés.

Estrés Positivo (eustrés)hablamos de eustrés cuando la respuesta del sujeto al estrés favorece la adaptación al factor estresante.

  • Alto nivel de energía.
  • Gusto y entusiasmo por el trabajo.
  • Claridad mental y buen nivel de concentración.
  • Trabajo productivo.
  • Capacidad de generar soluciones.
  • Percepción clara.

Estrés Negativo (distrés)si la respuesta del sujeto al estrés no favorece o dificulta la adaptación al factor estresante, hablamos de distrés.

  • Irritabilidad.
  • Ansiedad.
  • Falta de entusiasmo.
  • Dificultad para tomar decisiones, confusión.
  • Agotamiento.
  • Olvidos.
  • Excesivo temor al fracaso, entre otros.

Como ya revisamos anteriormente, el estrés tiene reacciones tanto físicas como psicológicas y comportamentales en nuestro organismo, y a continuación se mencionan algunos ejemplos.

Reacciones físicas: tensión muscular, opresión en el pecho, sudoración excesiva, temblor corporal, sequedad en la boca, diarrea o estreñimiento, dolores frecuentes de cabeza o espalda.

Reacciones psicológicas (afecta en lo emocional, en lo cognitivo y en el comportamiento): dificultad para la concentración, confusión para pensar, alteración excesiva por pequeños problemas, sensación constante de cansancio, dificultad para disfrutar los pequeños placeres de la vida, inquietud o angustia constante, cambios importantes en los hábitos de comer y dormir, irritabilidad, pérdida de confianza en uno mismo, cambios constantes en el humor, deseos de gritar, golpear o insultar, preocupación permanente y a veces sin motivo aparente, aparición de tics nerviosos, rechinido de dientes, pérdida de cabello, incremento en el consumo de alcohol y cigarro, problemas familiares o laborales.

Mitos sobre el estrés.

Mito 1: el estrés es igual para todos.

El estrés es diferente para cada uno de nosotros. Lo que es estresante para una persona puede no ser estresante para otra. Cada uno de nosotros responde al estrés en forma totalmente diferente.

Mito 2: el estrés siempre es malo.

Recuerda que hay dos tipos de estrés, por lo que puede ser negativo o positivo pero no siempre es malo.

Mito 3: el estrés está en todas partes, por lo tanto, no puede hacerse nada al respecto.

Cuando el estrés está mal manejado, es difícil establecer prioridades por lo que todos nuestros problemas parecieran ser iguales y el estrés parece estar en todos lados.

Mito 4: las técnicas más populares para reducir el estrés son las mejores.

No existen técnicas de reducción de estrés que sean eficaces para todo el mundo. Todos somos diferentes, nuestras vidas son diferentes, nuestras situaciones son diferentes y nuestras reacciones son diferentes. Lo único que funciona es un programa integral adaptado a las necesidades de la persona.

Mito 5: si no hay síntomas, no hay estrés.

La ausencia de síntomas no significa la ausencia de estrés. De hecho, camuflar los síntomas con medicación puede privarnos de las señales que necesitamos para reducir la tensión en los sistemas fisiológico y psicológico.

Mito 6: los síntomas de estrés más importantes son los únicos que requieren atención.

Los síntomas secundarios de estrés (físicos) son las primeras advertencias de que algo está sucediendo con nosotros mismos y necesitamos esforzarnos más para sobrellevar el estrés.

Recomendaciones.

  • Cuida tu alimentación.
  • Realiza ejercicio, establece una rutina.
  • Planea actividades diversas que te generen relajación.
  • Identifica la causa, analiza lo que está aconteciendo en tu vida y reflexiona.
  • Aléjate por un momento de la situación cuando sientas coraje.
  • Monitorea tu horario de sueño.

Para recomendaciones más específicas y obtener un buen manejo del estrés comunícate con nosotros y así un especialista te podrá compartir técnicas específicas de acuerdo a tu situación.

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Referencias:

Más información:

Libro: “Sé dueño de tu mente”. Autora: Ana Laura Ornelas Bolado.


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