Duelo: 5 Recomendaciones para el proceso

El duelo es un proceso, no un estado.

Anne Grant

La muerte de un ser querido es sin duda un suceso traumático. Para quienes pasan esta experiencia, llega a sentirse un cambio en toda nuestra persona, nuestro estilo de vida, nuestro entorno, y como mencionamos en ocasiones anteriores, es importante recordar que el duelo es un proceso natural ante la perdida, que se requiere experimentar para aprender y encontrar la manera de seguir adelante.

La duración de este proceso es diferente para cada persona, pero se considera entre seis meses o un año es lo idóneo antes de buscar ayuda profesional, esto se hace cuando el proceso de duelo ha abarcado más de 12 meses, y existen afectaciones en las áreas principales de la vida de la persona doliente. Por otra parte, existen diversas fases que experimentamos dentro de este proceso. Cinco, según el modelo clásico, establecido por la psiquiatra Elisabeth Kübler-Rossen su libro Sobre la muerte y los moribundos, de 1969: negación, ira, negociación, dolor emocional o depresión y aceptación.

Es importante decir que no necesariamente las personas pasan por esas fases en ese orden, ya que cada persona lo experimenta de una forma distinta, por lo que es necesario ser comprensivos con nosotros mismos, ser amables, y tomar el tiempo que sea necesario mientras cuidamos de nosotros y buscamos seguir avanzando.

Duelo

Recomendaciones para el proceso de duelo

1. Aceptar los propios sentimientos

Durante el duelo, quien ha perdido a un ser querido puede experimentar sentimientos muy variados. Algunos de ellos se expresan en las ya citadas fases del duelo: enfado (hacia el mundo, hacia la persona que ha muerto, hacia sí mismo), negación, tristeza, frustración. Pero a menudo también aparecen otros como agotamiento, culpa, impotencia, ansiedad, desesperación, insensibilidad, alivio, confusión, vacío, miedo. La clave en este caso es darse la posibilidad de atravesar tales sentimientos.

2. Rodearse de personas en las que apoyarse

Hablar de los sentimientos que ha generado la pérdida ayuda a asimilar la situación.

3. Cuidar la salud

Una buena alimentación, practicar ejercicio físico y descansar y dormir las horas adecuadas son factores de gran importancia para cuidar la salud física y emocional. Y esto, a su vez, es clave para hacer el proceso de pérdida un poco más llevadero, para dotar al organismo de la energía necesaria para poder hacer frente a los pensamientos negativos y, en última instancia, para seguir adelante.

4. Recordar los buenos momentos

El recordar los buenos momentos, aunque puede ser difícil al principio, ayuda a centrarnos en la imagen de la persona fallecida antes de sus últimos días (en caso de muerte por enfermedad) o asimilar el shock que nos produjo la noticia de su muerte, (si esta se produjo de forma repentina)

5. Acudir a un psicólogo

El apoyo terapéutico puede ayudar a afrontar situaciones como fechas y situaciones especiales: la fecha del cumpleaños de la persona que ha fallecido, las primeras Navidades sin ella, el aniversario de su muerte, etc. Son momentos que pueden causar “nuevos tirones de dolor que sorprenden y desmoralizan”, dicen los expertos navarros, “por lo que conviene tenerlos en cuenta para adelantarse si están por venir, adivinando o imaginando como se vivirán, o averiguar el impacto y la estela que han dejado atrás si ya han ocurrido”.

Es fundamental no tratar de reprimirla expresión de sentimientos por parte de quien sufre, o pretender que esa persona asuma un papel determinado por criterios que no sean los propios. Frases como “no pienses más en esto”, “tienes que ser fuerte” o “piensa en los demás” no solo son imposibles de cumplir durante el duelo, sino que resultan contraproducentes. Tampoco son apropiadas expresiones como “sé cómo se siente”, pues cada duelo es único y particular, o “el tiempo cura las heridas”, ya que es una expresión que carece de sentido para quien está sumido en la pena.

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